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NUESTRAS EXPERIENCIAS.
CAMERÚN 2014. El Hope Parma Hospital de Kumba

Lunes 8 de Septiembre de 2014

Tras desayunar en casa del Dr Jerry, éste y su mujer Caroline, matrona (se conocieron en Italia) me llevan al Hope Parma Hospital (en Kumba-Kossala, PO Box 516, Kumba, South West Region, Cameroon, tel (237) 33600015 / 33 600048). El Hospital fue inagurado en 2006 con el patrocinio de una ONG italiana que Jerry creó durante su estancia en Italia, y que lo construyó pero luego, con su venida aquí, desapareció y ya no recibe más financiación para su funcionamiento.

Bienvenida al Hospital de Kumbo
Foto 7. Hospital de Kumba. Bienvenida

LLegamos a él a través de carreteras embarradas, pues solo está asfaltada la carretera principal y se sitúa a las afueras de la ciudad. El Hospital está ya en campo abierto, rodeado de bananeras. Tras bajar el jeep, primera sorpresa, Comité de Recepción con los 8 trabajadores más capacitados del total de 41 que trabajan en el Centro. El gerente, el Jefe de enfermería, Ndobe Manaseh, el enfermero que hace de anestesista y que controla todo el área quirúrgica, el Dr. Bryan Anog, cirujano recién acabado, un estudiante de medicina que está rotando aquí, el único celador-auxiliar-enfermero-hacelotodo de quirófano y dos más que no se quién son. Obsérvese en la foto el cartel (Foto 7); jamás creo que se me hayan recibido así en ninguna parte, y eso que advertí que vengo a ver, escudriñar, plantear posibilidades de colaboración, y no a operar pacientes. Creo realmente que esto condiciona toda mi visita, porque he estrechado más manos que el Rey en la Pascua Militar, y todos me han dado las gracias por venir. Lógicamente, aquí les hacemos falta y por ellos no va a quedar. Luego entenderé sus planteamientos.

La epidemia de ébola, no en Camerún pero sí en los países circundantes, al ser personal de riesgo por contactar con orina y sangre continuámente en nuestras cirugías, me ha generado un debate interno que jamás me había planteado, entre no venir o asumir los riesgos. Un debate que reconozco incómodo e introspectivo. Tus compromisos frente a tu futuro, tu salud. Por respeto a mi familia, a mis colegas de trabajo e incluso a mi país, asumir los riesgos me parecía temerario y peligroso, pues aquí no sabes a quién operas, aunque no hubiera podido operar a ningún paciente en el momento infectivo del ébola, que no deja de ser una infección viral hemorrágica y que por tanto es infectiva cuando el paciente está hecho un asco, febril o claramente enfermo. De momento he aprendido de ello a saber intuir una infección viral hemorrágica, a cómo protegerse de ellas, cómo se aislan, etc. Hacía tiempo, quizá desde 3º de Medicina con la odiosa microbiología, que no estudiaba esto. Me bajé archivos enteros de Internet al respecto, desde protocolos internacionales hasta cómo se esteriliza agua con lejía. Por lo tanto decidí no operar, y esquivar las preguntas, cariñosas pero desinformadas en la cola del comedor de mi hospital en Valencia donde los compañeros me preguntaban; ¿Supongo que no irás al país ese del ébola? o ¿no harás la gilipollez de ir a operar gente a la selva africana?. Las esquivaba, y las perdono. Pero me sentí mal cuando comuniqué al Dr. Jerry que finalmente no iba a operar a los 20 prostáticos que me había preparado, máxime cuando él y Bryan Anog y el resto de personal de este hospital siguen operando apendicitis, partos, hernias y todo lo que se tercie en este hospital. Mal quiere decir egoista, clasista e incluso racista.

Volviendo al hospital, me lo esperaba y no me lo esperaba como es. Me explico. Esto está terriblemente sucio para nosotros y terriblemente limpio para ellos. Aquí se ve de todo, pediatría, partos, cirugía general y por supuesto medicina general. Tienen un programa de manejo de enfermos con SIDA con los retrovirales que aporta el gobierno y otro para evitar la transmisión materno-filial. Las salas de los enfermos son similares a las que en su día conocí en La Antígua (Guatemala); 6 u 8 camas juntas por sexos. También tienen enfermos aislados tras operaciones por infecciones. Me llama la atención que hay habitaciones "privadas", donde el acompañante tiene una cama y tienen baño propio, pues el resto es comunitario. Volvemos al sistema con el que en principio hay que convivir, aquí todo el mundo paga por su atención, tratamiento, cirugía o ingreso.

En Camerún hay 3 tipos de hospitales: los estatales, los privados y los de misiones, regidos por órdenes religiosas. Como he dicho, en los 3 se paga, los dos últimos por definición y el primero porque el país es tan corrupto que al parecer la mayoría de la gente prefiere no ir a los hospitales públicos, porque el propio personal roba lo poco con el que el gobierno los dota y al paciente se lo venden a mayor precio en un sitio amañado para tal fin "si quiere ser operado o tratado", dado que el hospital no tiene dicho material. Me han llegado a comentar que en el top de la corrupción están los propios enfermeros a los que si no untas no te ponen la medicación. Sin palabras.

Dr. Jerry Etabong
Foto 8. Dr. Jerry Etabong

Pese a tener 4 hijas, el Hospital de Kumba es el hijo al que más quiere el Dr. Jerry Etabong, dado que es su fundador, 50% del staff médico y a su vez su Director. Su mesa es digna de observar y no describir (ver foto 8). En ese despacho hemos tenido dos largas conversaciones en cómo estructurar una colaboración fructífera. Su principal problema hoy por hoy es que me jura y perjura que en su Hospital se atiende a todo el mundo que acude, y que luego muchos no pagan, por lo que tiene problemas para mantenerlo en funcionamiento (41 trabajadores, grupo electrógeno a fuel, luz etc...). El tema lo tiene parcialmente resuelto pues Caroline, su mujer y gestora de las cuentas, realiza trimestralmente un contaje de los impagados y lo envían a Italia, donde sus excompañeros y amigos organizan conciertos, cenas benéficas, etc. y cubren el agujero.

Dado que la mujer me cuenta en una conversación independiente la misma historia, y tras ver la trinchera, me creo esa historia. La primera y más fácil forma de colaborar es enviándole dinero, como los italianos. La segunda en dicha escala, enviándoles material. Sin embargo, la que acordamos más interesante por ambas partes es enseñándoles cirugía abierta urológica, básicamente adenomectomías, pues es una patología la hipertrofia benigna de próstata que abordan hasta el sondaje o la suprapubica, pero luego el paciente cae en un magma de difícil resolución, dado que los pocos especialistas del país, unos 20 ó 30 para 22 millones de habitantes (censo no fiable reconocido por ellos mismos) están lejos y les cobran mucho.

Por lo tanto dedico toda la mañana a revisar el material que tienen en quirófano, a explicar el material que les traigo, a protocolizar la adenomectomía retropúbica (Millin) y a listar las cosas imprescindibles para su realización. También explico la selección de pacientes, la necesidad de descartar patología uretral, la propia técnica se la dibujo al joven cirujano Bryan Anog, al que insto a empollarse en mejores fuentes la misma. El objetivo queda fijado en que si pudiéramos generar un grupo de un par de urólogos y un par de enfermeras y agrupar 15 ó 20 adenomectomías en una semana, pienso que pueden aprender la técnica, teniendo en cuenta que entre ambos operan cualquier cosa de la cavidad abdominal. Les explico que la resección transuretral de próstata sí que no puede enseñarse en una semana y lo entienden. Me sorprende mucho la figura del enfermero-anestesista, Ndobe Manaseh, un tipo super espabilado que además de hacer lo que hacen mis anestesistas en Valencia, controla todo el material de quirófano, sondas, antibióticos etc. Cruzamos emails.

Hospital de Kumbo. Quirófano
Foto 9. Quirófano del hospital
Hospital de Kumbo. Parte del equipo
Foto 10. Parte del equipo

Pienso que el objetivo es sencillo, pero práctico, abriendo la oportunidad a mucha gente para operarse en este país. No deseo ir más allá, Jerry Etabong se refiere continuamente a que "Lord will dispose", y a lo mejor tiene razón para el futuro, donde hacer más cosas sería posible. Les planteo promover la vasectomía, culturalmente no aceptada; no se si les he convencido de ello. Me preguntan por el screening de cáncer de próstata; no hay infraestructura de biopsias, estadiaje y tratamiento ni una expectativa de vida que lo justifique, y tan solo les explico que realicen en tacto rectal para descartar cáncer localmente avanzados que complicaran la adenomectomía. Creo que no recomendarles el PSA les ha contrariado. Les comento que sí deberíamos aportar o ellos conseguir (quimera) un cistoscopio y un uretrotomo con fuente de luz fría, para tener alternativas a un problema de sondaje o a estenosis uretrales cortas. El resector fijo lo tenemos que traer y solo usar nosotros.

A la tarde le pido a Caroline que me lleve al mercado local a hacer unas compras de regalos. Quien haya estado en un mercado africano, guatemalteco o árabe ya conoce la experiencia de sentirse con un miedo infundado a que le tanguen a uno, se pierda o lo atraquen, pero la verdad es que he estado en muchos similares y nunca me ha pasado nada de eso. Creo que me atracan de una forma más descarada en el Club del Gourmet del Corte Inglés y nadie deja por ello de ir. De todas formas, con ella las compras se me facilitan mucho y con unos 25 euros tengo todos los regalos que voy a llevar. Luego me recoge Jerry al que pido que me lleve a ver los hoteles de Kumba, y veo un par con bungalows que son aptos para traer europeos; de los otros dos mejor no hablar.

Al anochecer vienen de nuevo Father Emmanuelle con su cuñada Rachel desde Duala, y nos tomamos junto con Jerry y un farmacéutico amigo una cerveza camerunesa (33 se llama) en un bar con balcón asomado al caos de la carretera principal. Con estos contertulios ilustrados en este lugar me siento como Juvenal Urbino en 100 años de soledad, con conversaciones probablemente muy distantes a lo todo lo que se mueve frente a nosotros. Entre el espectáculo de gente arriba y abajo, millones de motos atiborradas de gente (es el medio de transporte público que tienen en vez de taxis) que lleva desde microondas a cerdos, me sorprende que veo pasar de forma regular preadolescentes perfectamente uniformados con un colchón enrollado bajo el brazo o en sus cabezas, además de libros y maleta, buscando al moto-taxi de turno. Esto ya se me escapa y el Father me explica que se van al internado pues mañana empiezan el colegio y claro, se llevan el colchón. Antes de ir a cenar Father me lleva a su casa original, humilde no, lo siguiente. En ella viven hacinadas unas 8 ó 10 mujeres de todas las edades, una recién parida con un bebé de 3 semanas, todas ellas con algún vínculo familiar que no llego a entender por lo enrevesado.

La más lista de todas esas mujeres se llama Angela, esbelta y guapa, muy tímida. El Father me explica más tarde que Angela es su ahijada porque se le puso el nombre de la madre del Father, ello crea un vínculo familiar en la familia africana mucho más importante que el nuestro, hasta el punto que ahora vive con su familia y el Father me ha pedido ayuda a mí en particular para cubrir dos de los tres años para estudiar enfermería, pues él solo puede pagarle uno. En total unos 1600 euros en 3 años, a los que cómo no, me comprometo a colaborar. Esa propuesta me la hace el último día de mi viaje, no hoy. Volviendo a la casa de la familia del Fahter, os quisiera presentar la alegría de África, una niña de 3 años, de esas que mi mujer robaría, con una alegría y orgullo que me achica el corazón; me enseña toda la casa, donde si hay que resaltar algo son las dos macrotumbas de los padres del Father situadas en medio del patio, de las que me había enseñado fotos echándoles tierra el día que murió su madre. Lógicamente se gana el Kit-Kat que me había comprado de resopón. Lástima que la cámara se ha quedado sin batería, porque sin duda la niña, de la que no puedo acordarme el nombre y el Father no sabe (?¿!?!) sería un reclamo para traer aquí a mi mujer.

Caroline
Foto 11. Caroline

Cenamos en casa de Jerry y Caroline, donde estoy alojado, de nuevo un mix italo-camerunés con rissoto a la milanea y tilapia de río, a cuál más sabroso. !Viva la mezcla de culturas! Tras la cena me vuelvo a embadurnar de Relec ante la propuesta de charlar nuevamente a la fresca, un poco avergonzado porque ellos no lo hacen. En dos días he aprendido sucintamente que la malaria se cura, recae, se trata, luego vuelve pero menos, nunca te inmunizas, en fin, que convive con ellos, pero que no les obsesiona como a nosotros. Repasamos el día y finalmente llegamos al "acuerdo" de intentar el objetivo de enseñarles a operar próstatas abiertas e intentar hacer nosotros por endoscopia las que estén indicadas, y ante su oferta derivada de mis perjuicios a que la gente de aquí pagara algo por nuestras cirugías, me ofertan como solución, derivada de la misma mentalidad mixta que tienen europeo-camerunesa, la posibilidad de que si yo consiguiera fondos podría cubrir los costes hospitalarios de las cirugías que pudiésemos hacer, o por lo menos parte de ellos, repercutiéndo el resto a los pacientes que operáramos que sí pudiesen afrontar dichos gastos en beneficio de los que, de otra forma, engrosarían la lista que trimestralmente envían a Italia para subsistir. Sugerente idea a masticar. Me despido de ellos, pues el Father me recoge a las 6am.