
La misión de urología que Surg For All llevó a cabo la pasada semana en el St. Joseph Catholic Hospital llega oficialmente a su fin, dejando tras de sí un balance tan intenso como esperanzador. Durante ocho días de trabajo continuado, el equipo desplazado desde Albacete y Valencia logró operar a 30 pacientes y realizar un total de 34 procedimientos, muchos de ellos complejos y largamente esperados por personas que, sin esta intervención, seguirían afrontando dolor crónico, limitaciones severas o riesgos graves para su salud. A pesar del elevado volumen de trabajo, la mayoría de los pacientes fueron dados de alta por el propio equipo, recuperándose favorablemente y regresando a sus casas con una nueva oportunidad de bienestar. Solo un pequeño número requerirá seguimiento en la próxima misión, prevista para marzo de 2026, en la que se completará el ciclo de atención y se incorporarán nuevos casos. También, en los últimos días, acudieron a una clínica cercana, dirigida por una española para evaluar a un paciente oncológico y realizar un drenaje a otro paciente. Si algo ha querido destacar el director de la misión, es la implicación decisiva del personal local, sin cuyo esfuerzo el impacto sería imposible de sostener. En particular, ha subrayado el papel de Augustine Conteh, quien continúa consolidándose como pilar fundamental del futuro servicio de urología, y el trabajo incansable de Thomas S. Kettor, que una vez más se ha mantenido firme en quirófano, aportando experiencia, dedicación y una capacidad de respuesta admirable. El crecimiento profesional de ambos no es un efecto colateral: es uno de los grandes objetivos del proyecto. Cada misión no solo atiende a pacientes; construye equipo, fomenta autonomía y refuerza las bases del que será el primer servicio de urología plenamente operativo en Liberia. Uno de los momentos más simbólicos de la misión ocurrió en su último día, cuando el equipo tuvo ocasión de visitar las incipientes paredes del edificio que albergará el futuro servicio de urología del St. Joseph. Pasear entre las incipientes paredes, observar el trazado de las salas y visualizar lo que en unos meses será un espacio de trabajo esencial para cientos de pacientes, generó una emoción compartida que difícilmente se olvida. Las obras avanzan según lo previsto, y su evolución refuerza el compromiso de Surg For All con la dotación técnica del servicio, una inversión imprescindible para que este espacio cobre vida y pueda funcionar con los estándares necesarios. Como es habitual, el equipo regresa a casa agradecido y con ganas de volver, fortalecido por la experiencia humana y profesional que aporta cada misión. La única nota menos positiva —también ya habitual— ha sido la pérdida de dos maletas que jamás llegaron a Monrovia. A la espera de que aparezcan, seguimos trabajando para minimizar estos retos logísticos que, aunque forman parte del camino, no frenan en absoluto la voluntad de seguir avanzando. El cierre de esta misión no es un punto final, sino un guion que continúa. En marzo de 2026, un nuevo equipo volverá al St. Joseph para dar seguimiento a los pacientes pendientes, atender nuevos casos y continuar formando al personal local mientras el futuro servicio de urología sigue creciendo y tomando forma. La misión que acaba ahora demuestra, una vez más, que la combinación de esfuerzo sostenido, conocimiento compartido y compromiso real tiene un impacto directo en la vida de las personas. Seguimos avanzando. Seguimos construyendo. Seguimos salvando vidas junto al St. Joseph.El valor del equipo local: avance, compromiso y aprendizaje
Caminar por el futuro: las obras del nuevo servicio ya avanzan
Gratitud, retos logísticos y el deseo de volver
Mirando a marzo de 2026: una continuidad que salva vidas
La misión de urología que Surg For All llevó a cabo la pasada semana en el St. Joseph Catholic Hospital llega oficialmente a su fin, dejando tras de sí un balance tan intenso como esperanzador. Durante ocho días de trabajo continuado, el equipo desplazado desde Albacete y Valencia logró operar a 30 pacientes y realizar un total de 34 procedimientos, muchos de ellos complejos y largamente esperados por personas que, sin esta intervención, seguirían afrontando dolor crónico, limitaciones severas o riesgos graves para su salud.
A pesar del elevado volumen de trabajo, la mayoría de los pacientes fueron dados de alta por el propio equipo, recuperándose favorablemente y regresando a sus casas con una nueva oportunidad de bienestar. Solo un pequeño número requerirá seguimiento en la próxima misión, prevista para marzo de 2026, en la que se completará el ciclo de atención y se incorporarán nuevos casos.
También, en los últimos días, acudieron a una clínica cercana, dirigida por una española para evaluar a un paciente oncológico y realizar un drenaje a otro paciente.
Si algo ha querido destacar el director de la misión, es la implicación decisiva del personal local, sin cuyo esfuerzo el impacto sería imposible de sostener. En particular, ha subrayado el papel de Augustine Conteh, quien continúa consolidándose como pilar fundamental del futuro servicio de urología, y el trabajo incansable de Thomas S. Kettor, que una vez más se ha mantenido firme en quirófano, aportando experiencia, dedicación y una capacidad de respuesta admirable.
El crecimiento profesional de ambos no es un efecto colateral: es uno de los grandes objetivos del proyecto. Cada misión no solo atiende a pacientes; construye equipo, fomenta autonomía y refuerza las bases del que será el primer servicio de urología plenamente operativo en Liberia.
Uno de los momentos más simbólicos de la misión ocurrió en su último día, cuando el equipo tuvo ocasión de visitar las incipientes paredes del edificio que albergará el futuro servicio de urología del St. Joseph. Pasear entre las incipientes paredes, observar el trazado de las salas y visualizar lo que en unos meses será un espacio de trabajo esencial para cientos de pacientes, generó una emoción compartida que difícilmente se olvida.
Las obras avanzan según lo previsto, y su evolución refuerza el compromiso de Surg For All con la dotación técnica del servicio, una inversión imprescindible para que este espacio cobre vida y pueda funcionar con los estándares necesarios.
Como es habitual, el equipo regresa a casa agradecido y con ganas de volver, fortalecido por la experiencia humana y profesional que aporta cada misión. La única nota menos positiva —también ya habitual— ha sido la pérdida de dos maletas que jamás llegaron a Monrovia. A la espera de que aparezcan, seguimos trabajando para minimizar estos retos logísticos que, aunque forman parte del camino, no frenan en absoluto la voluntad de seguir avanzando.
El cierre de esta misión no es un punto final, sino un guion que continúa. En marzo de 2026, un nuevo equipo volverá al St. Joseph para dar seguimiento a los pacientes pendientes, atender nuevos casos y continuar formando al personal local mientras el futuro servicio de urología sigue creciendo y tomando forma.
La misión que acaba ahora demuestra, una vez más, que la combinación de esfuerzo sostenido, conocimiento compartido y compromiso real tiene un impacto directo en la vida de las personas.
Seguimos avanzando. Seguimos construyendo. Seguimos salvando vidas junto al St. Joseph.
La misión urológica de Surg For All que se encuentra en marcha esta semana en el St. Joseph Catholic Hospital de Monrovia es mucho más que una serie de intervenciones quirúrgicas. Es un encuentro entre profesionales que creen en la salud como un derecho universal, un espacio de formación continua y un impulso directo para quienes, cada día, sostienen el hospital desde dentro. Cada misión es única, pero esta está dejando una huella especialmente profunda, tanto en los pacientes atendidos como en el equipo local, que vive esta semana con intensidad, aprendizaje y un compromiso que emociona.
Los pacientes, muchos de ellos afectados por problemas urológicos avanzados debidos a la falta histórica de especialistas en el país, están recibiendo tratamientos que, de no ser por estas misiones, resultarían inaccesibles. Intervenciones de próstata o cirugías uretrales se convierten en un alivio real para quienes llevan meses —y a veces años— esperando una solución. En cada una de estas historias hay esperanza, y en cada operación, un paso hacia una vida más digna.
Pero el impacto va mucho más allá del quirófano. Uno de los ejes centrales de esta misión está siendo la formación continua del equipo local, especialmente del Dr. Shenga y de Augustine Conteh, que se prepara para iniciar en pocos meses su especialización universitaria como urólogo. Las cirugías se están convirtiendo en auténticas sesiones prácticas, donde cada decisión y cada técnica se explican, se discuten y se perfeccionan conjuntamente. El aprendizaje es bidireccional: nuestros cooperantes aportan experiencia técnica y los médicos locales comparten su conocimiento profundo de la realidad sanitaria liberiana. Este intercambio continuo es la base del futuro servicio de urología del St. Joseph, actualmente en construcción.
El ambiente de trabajo se ha visto fortalecido también por un momento especial: la celebración del cumpleaños de la doctora Laura Herraiz, una de las urólogas que más ha contribuido a las misiones de los últimos años. Lejos de casa, rodeada de compañeros liberianos y españoles, Laura ha vivido un cumpleaños diferente, emotivo y lleno de cariño. Este gesto espontáneo por parte del hospital y del equipo local refleja la cercanía construida misión tras misión, y recuerda que la cooperación no solo se trata de técnicas, sino también de vínculos humanos.
En el quirófano, como ya es tradición, la labor del personal liberiano vuelve a ser ejemplar. Thomas S. Kettor y Eliza Berry, formados en Valencia hace unos años, se han consolidado como pilares fundamentales del equipo quirúrgico. Su precisión, su actitud y su profesionalidad permiten que las intervenciones fluyan con seguridad y coordinación. A su lado, el personal de planta que también pasó por Valencia continúa aplicando lo aprendido, elevando el estándar de cuidados y mejorando la experiencia de los pacientes durante su hospitalización.
Esta misión confirma algo que ya sabíamos: la formación funciona. Lo aprendido viaja, permanece y transforma. Y cuando el conocimiento se multiplica dentro del propio hospital, el impacto se hace sostenible.
El trabajo en Monrovia no se detiene aquí. La realidad sanitaria de Liberia sigue siendo compleja, pero cada misión, cada cirugía y cada profesional formado representa un paso adelante. Y por eso queremos compartir una noticia que ilusiona: en 2026 serán cuatro las misiones que Surg For All enviará al St. Joseph Catholic Hospital. Más presencia, más formación, más oportunidades para que el hospital avance hacia su objetivo final: contar con un servicio de urología autónomo, estable y plenamente operativo.
Mientras esta misión sigue su curso, cada intervención recuerda por qué estamos aquí: porque la salud no puede esperar y porque, juntos, podemos construir un futuro más justo y más humano para los pacientes de Liberia.
Entre el 22 y el 30 de noviembre, un equipo de Surg For All viajará a Monrovia para llevar a cabo la última misión de urología del año en el St. Joseph Catholic Hospital. Será una misión especialmente significativa: no solo porque pone el broche final a un 2025 lleno de retos, sino porque llega tras la cancelación obligada de dos expediciones a Camerún debido a la situación de inestabilidad social. En este contexto, regresar a Liberia supone recuperar el pulso de nuestra actividad sobre el terreno y reafirmar nuestro compromiso con los pacientes que llevan meses esperando atención especializada.
La misión estará liderada por el urólogo José Miguel Giménez, al frente de un equipo procedente de Albacete que ya forma parte de la historia de Surg For All por su capacidad de trabajo, su profesionalidad y su cercanía con los pacientes. Le acompañarán los urólogos Laura Herraiz y Antonio Salinas, el anestesiólogo Fernando Martínez, la enfermera Gloria Marco, y Olga Sánchez, encargada de documentar lo que allí ocurre para poder compartirlo con nuestra comunidad.
Se trata de un equipo cohesionado y experimentado, que regresa al St. Joseph con la voluntad de continuar un proyecto a largo plazo: fortalecer la atención urológica del hospital, apoyar la formación de sus profesionales y sentar las bases del que será uno de los servicios médicos más necesarios del país.
La misión llega en pleno avance de las obras del futuro servicio de urología, cuyo edificio ya ha comenzado a construirse gracias a la financiación concedida por la Conferencia Episcopal Italiana. Mientras los muros empiezan a levantarse en Monrovia, nuestras misiones siguen cumpliendo un papel esencial: garantizar que, cuando el edificio esté listo, exista una estructura profesional sólida y un equipamiento adecuado para que el servicio sea funcional desde el primer día.
Este viaje será también una oportunidad para reforzar el trabajo iniciado con los profesionales locales. En quirófano, el equipo contará con la colaboración del Dr. Augustine Conteh, quien iniciará próximamente su formación universitaria como urólogo gracias al apoyo de Surg For All, y con los enfermeros que este año completaron su estancia formativa en Valencia. Su participación confirma que la formación tiene un impacto inmediato y que cada misión deja un legado que trasciende las intervenciones realizadas.
La situación vivida en Camerún —que obligó a cancelar dos misiones por motivos de seguridad— ha supuesto un golpe emocional y logístico para Surg For All. Pero también ha puesto de manifiesto la importancia de diversificar esfuerzos, fortalecer estructuras locales y mantener un compromiso flexible y adaptado a la realidad de cada país. Volver al St. Joseph en estas fechas es un recordatorio de que nuestro trabajo no se detiene y de que la salud de los pacientes siempre estará en el centro de nuestras decisiones.
Durante la misión, se prevé atender a decenas de pacientes en consulta y realizar un número significativo de intervenciones, priorizando patologías como la hipertrofia prostática benigna, el cáncer de próstata y la patología uretral. Para muchos de estos pacientes, la llegada del equipo supone la única oportunidad de recibir tratamiento especializado en un país donde la escasez de urólogos continúa siendo dramática.
Mientras avanzamos en la misión de noviembre, seguimos trabajando para que el nuevo servicio de urología sea pronto una realidad plenamente equipada. El esfuerzo económico es enorme —se requieren 500.000 dólares adicionales para completar la dotación técnica—, pero cada paso nos acerca más a un hospital capaz de ofrecer autonomía, calidad y continuidad asistencial.
Esta última misión del año no es solo un cierre: es un impulso para todo lo que vendrá en 2026.